Imágenes desde una cabina, no desde un teléfono
Lo que distingue a los vídeos de UAP que se han hecho famosos no es que sean nítidos; a menudo no lo son. Esto se debe a que provienen de sensores militares aprobados, integrados en dispositivos de la Marina de los EE. UU., y han sido autenticados por el Pentágono. Los tres ejemplos más conocidos, FLIR registrados durante el incidente de Nimitz en 2004, Gimbal y GoFast capturados en 2015, fueron desclasificados por el Departamento de Defensa de EE. UU. en abril de 2020. Esto no dice nada sobre la naturaleza de los objetos filmados. Pero esto quita a estas secuencias el estatus de imágenes ambiguas de aficionados.
Para un piloto, ver un instrumento a bordo fijarse en un objetivo que cambia repentinamente de altitud o de rumbo no es una experiencia trivial. Varios aviadores describieron, bajo juramento, un comportamiento de vuelo incompatible con drones civiles y aviones militares identificados. Son estos testimonios, incluso más que las imágenes mismas, los que trasladaron el tema del folclore a las comisiones parlamentarias.
Pilotos listos para testificar bajo juramento
En julio de 2023, la Cámara de Representantes de Estados Unidos entrevistó al comandante David Fravor, testigo del incidente de Nimitz, al teniente Ryan Graves, que observó objetos no identificados durante los vuelos de entrenamiento que comenzaron en 2015, así como al ex oficial de inteligencia David Grusch. Los tres hablaron bajo juramento. Ninguno afirmó conocer el origen de los objetos observados. Es precisamente esta moderación lo que hizo que su testimonio fuera creíble a los ojos de los funcionarios electos que, sin embargo, se mostraban reacios a aventurarse en este ámbito.
Del lado francés, el Grupo de estudios e información sobre fenómenos aeroespaciales no identificados (GEIPAN), del CNES, recoge informes de pilotos civiles, militares y ciudadanos desde 1977. Una parte sigue clasificada “D”: hasta la fecha no se ha identificado ninguna explicación.
El público responde a una señal muy antigua
La fascinación del público no surge de la nada. Se ha nutrido durante décadas de historias de casos antiguos, desde el Roswell de 1947 hasta la ola belga de 1989-1990. Pero lo que ha cambiado desde 2020 es que las propias autoridades públicas vuelven a tratar el tema con seriedad, con un vocabulario técnico (UAP) que está sustituyendo progresivamente al término OVNI en los documentos oficiales. Esta legitimación institucional, combinada con la distribución masiva de secuencias desclasificadas, explica la audiencia excepcional de estos vídeos en las plataformas.
Un vídeo de UAP cumple varios requisitos que llaman la atención: un entorno militar o aeronáutico, un objeto que parece desafiar la explicación convencional, un testigo presentado como creíble y un debate institucional abierto. No es necesaria ninguna declaración extraordinaria: la combinación es suficiente para llamar la atención.
Pero la fascinación no sustituye a la prueba.
El papel de un medio de comunicación serio no es aprovechar esta atención, sino ponerla al servicio de la lectura de los documentos. Ningún informe público (el Pentágono, la AARO creada en 2022, la NASA, las comisiones del Congreso) ha demostrado, hasta la fecha, el origen no humano de un solo objeto observado. Es un hecho. Por el contrario, varias secuencias no han recibido una explicación convencional totalmente satisfactoria. Ésa es otra. Las dos observaciones coexisten. Ninguno da razón a las historias más espectaculares.
VIDEO OVNI publica estos análisis con este espíritu. Un vídeo que fascina no se convierte en evidencia. La evidencia faltante no es suficiente para concluir que no pasó nada. Es en este espacio donde se desarrolla el periodismo documental aplicado a la UAP.
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